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Manu y María Dolores 2003 Lucía y Ana 2004 Ángela y Mª José 2004 Mª Ángeles Gentil 2005 Isa 2005
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Grupo participante en el Campo-Misión 2000 |
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Compartir una experiencia de vida se reduce, en muchas ocasiones, a contar las numerosas actividades que se han realizado, relatar los acontecimientos que se han visto u oído, describir con detalle los lugares donde se ha estado o, incluso, ‘encasillar’ a las personas con las que se ha vivido, corriendo el riesgo de simplificar la realidad, recurrir al tópico o quedarse en el hacer. Sabiendo que corremos ese riesgo, queremos COMPARTIR con vosotros, amigas y amigos de Granada Misionera, nuestra experiencia, más desde el ser que desde el hacer.
Cuando nos ponemos a escribir sentimos que nos brota un profundo agradecimiento por la VIDA que Dios nos ha regalado, por las personas que ha puesto en nuestro camino y por el don de ser seguidores de Jesús, que nos impulsa, desde nuestra debilidad y fragilidad, a hacer posible su Reino en esta humanidad donde hace falta tanta esperanza, tanta paz y tanta fraternidad. Sólo tomando conciencia de que nuestra vida es un don de Dios tiene sentido lo que hemos vivido y podremos seguir viviendo.
Pero antes de continuar, nos presentamos. Somos María y Manu, estamos casados desde hace tres años y medio, de profesión abogada y profesor de secundaria, y vivimos en Sevilla. Pertenecemos a un grupo misionero llamado Proyecto Bolivia, de la provincia Marista Bética. Nos conocimos en el año 1995 en Santa Cruz – Bolivia, donde compartimos dos meses de verano en un Campo de Trabajo Misión en unas comunidades campesinas, en colaboración con los hermanos Maristas. El año siguiente repetimos la experiencia y, además, comenzamos nuestra andadura como pareja. Con el tiempo fuimos descubriendo que nuestra vida en común tenía que ser un signo palpable del amor de Dios, y de que la familia y el hogar no podían construirse sólo de puertas para adentro, sino también abiertos a la realidad de nuestro mundo, especialmente a la que no es tenida en cuenta: la de los pobres y excluidos.
Tras un tiempo de ‘aprendizaje’ en la vida matrimonial y de discernimiento personal y en grupo, nos pusimos a disposición de los hermanos Maristas de Bolivia, para compartir con ellos la Misión de Jesús durante un año. Así pues, a finales de 2001 marchamos rumbo a Comarapa, un pueblito de 4000 habitantes situado entre Santa Cruz de la Sierra y Cochabamba.
Desde el primer día que llegamos tuvimos el sentimiento de ser plenamente acogidos y queridos. Participando en una Asamblea con todos los hermanos y laicos que comparten la vida y la misión en Bolivia descubrimos que lo de ‘compartir’ iba en serio, y que al nombrar quiénes iban a conformar la comunidad marista de Comarapa para el año 2002, nosotros estábamos incluidos como uno más. Y, efectivamente, esta ha sido la realidad de todo el año: una comunidad de creyentes, compartiendo vida, oración y misión, desde vocaciones diversas, edades dispares, culturas distintas, e historia y educaciones muy diferentes, pero con el mismo Espíritu de Jesús, y haciendo posible el sueño de S. Marcelino Champagnat: estar presentes entre los niños y jóvenes más pobres y excluidos. Nos hemos sentido en ‘nuestra familia’ en todos los sentidos. Y lo hemos percibido tanto en los momentos de alegría como de tristeza, en las dificultades y en los momentos de gozo, en la toma de decisiones y en el compartir la vida desde dentro, en el trabajo del día a día y en las tareas del hogar... Hoy estamos convencidos de que la experiencia vivida junto a Andrés, Jesús, Maurino y Karlos, ha sido la fuente de donde han brotado las fuerzas y la ilusión para darle sentido a lo que cada día iba deparándonos. Además, nuestro matrimonio se ha visto fortalecido y ha adquirido una nueva perspectiva, con un regalo añadido: el nacimiento de nuestro primer hijo dentro de unos meses.
Queríamos compartir el desde dónde hemos vivido nuestra estancia en Bolivia porque estamos convencidos de que la experiencia misionera cobra un sentido nuevo desde una vida que es capaz de dar testimonio de la Buena Noticia, no sólo individualmente, sino comunitariamente.
En Comarapa y en las comunidades campesinas de la zona nos hemos encontrado a personas con rostros e historias concretas, que nos han evangelizado, y que nos han hecho descubrir una realidad en la que se mezcla la pobreza humana más radical con la esperanza de querer un futuro diferente luchando para que la vida tenga algún sentido. Familias que, desde sus escasos recursos, hacen un gran esfuerzo para que sus hijos puedan acceder a una educación que vaya más allá de unos pocos cursos de primaria en las escuelitas rurales. Chicas muy jóvenes que trabajan por sacar a su ‘wawa’ (bebé) adelante y que siguen yendo a la escuela para que su futuro pueda ser de otra manera. Niños y niñas que, después de las clases, se van a buscar un trabajo con el que poder pagar su cuartito, sus cuadernos o la comida del día. Maestros y maestras que intentan actualizarse a pesar del escaso reconocimiento que tienen a nivel estatal. Profesionales que sueñan y luchan porque su pueblo no siga dependiendo de la limosna del exterior y pueda ser constructor de su propio futuro.
Nuestro trabajo concreto ha sido participar plenamente en la actividad del colegio Gabriel René Moreno de Comarapa, coordinado por los hermanos Maristas. Desde la clase, la orientación personal y familiar, la animación de grupos cristianos o la formación de profesores, hemos tratado de aportar algo de nuestra vida a tanta vida que nos ha sido regalada. Junto a otro matrimonio comarapeño, hemos acompañado a treinta chicos y chicas de comunidades rurales que estudian fuera de sus casas en un centro educativo campesino, formando una gran familia de casi cuarenta personas. Y también hemos podido hacer el seguimiento de varios proyectos de desarrollo en algunas comunidades campesinas de la Siberia, en la zona alta de la provincia en la que vivíamos. Somos conscientes de que el tiempo ha sido corto, de que no hemos hecho gran cosa (tampoco era nuestra pretensión), pero creemos que ha merecido la pena y que nos ha posibilitado ver la vida desde una óptica distinta, revelándonos la ‘debilidad’ y la ternura de nuestro Dios.
De toda esta experiencia hoy nos quedan en la memoria rostros que ya no son anónimos, amigos y amigas con los que hemos compartido la vida y la fe en Jesús, y la intuición de que una vida más humanizada es posible, también en este norte, empeñado en hacer guerras preventivas. Y una oración a nuestro buen Dios: que nos dé un corazón nuevo para estar siempre en proceso de conversión a su Proyecto, mirando al Sur de nuestro mundo, que no sólo tiene recursos naturales que expoliar, hombres y mujeres a los que utilizar como objetos (de trabajo o de consumo) o lugares donde arrojar nuestras basuras, contaminantes y nucleares, sino que tiene vida en abundancia, y Vida con mayúsculas, de la que tanta necesidad tiene hoy el ser humano.
Un abrazo de hermanos, y nuestro agradecimiento por prestarnos vuestro tiempo para comunicaros algo de lo que ha sido nuestra vida.
María y Manu
LUCÍA Y ANA NOS CUENTAN SU EXPERIENCIA
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Apoyo escolar en Capillas 2004 |
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“Podría estar horas y horas escribiendo sobre mi experiencia de estos dos meses, hay tantas cosas que me han llamado la atención, muchas vivencias y muchos momentos compartiendo. Al principio lo pasé mal porque no me hacía con el silencio, la soledad, la distancia de la gente... pero llegó un momento en el que era la persona más feliz y no me quería ir de allí, tras varias reflexiones, la explicación que le doy es el fruto de la confianza con los campesinos /as, el estar pelando papas con las Doñas, jugar al fútbol con ellos, reír y disfrutar de los niños... Todo esto hizo que yo me sintiera como en mi casa y le cogiera cariño a las Comunidades de la Siberia, fue mutuo el cariño ya que en repetidas veces me daban las gracias por estar compartiendo con ellos los alimentos, los bailes, las risas, las fiestas...
El último día fue muy especial porque celebramos las Comuniones y estuvimos preparándolas durante tres semanas, ese día se me marcó por varias cosas, una de ellas fue las palabras de un chico de 18 años que me dijo: Hermanita Lucía no se va a olvidar de nosotros, ¿verdad? Al escuchar eso me entro rabia de que una persona pudiera pensar así, ¿ Una experiencia así se le puede olvidar a alguien?, ¿Cómo se olvida?.
Junto con las vivencias están las personas, ellas son las que nunca se olvidan.
Yo pienso que una experiencia de este tipo puede servir para crecer en la fe, abrirte los ojos hacía el mundo en el que vivimos, conocer muchas personas... y a mí personalmente enamorarme de Bolivia, yo guardo los recuerdos en una parte de mi corazón, esa parte late pensando en los campesinos/as de las comunidades de la Siberia Boliviana.” (Lucía).
-“Todavía recuerdo la sensación de inmensa tristeza, que al recorrer las lagrimas por mi rostro, me inundaba por separarme de los campesinos, porque tras dos meses conviviendo con ellos, riendo, jugando, caminando, comiendo, sumando, escribiendo, en silencio o hablando, llegaba la hora y nuestro camión se iba alejando poco a poco por esos caminos de tierra, sin saber cuando volveré y sabiendo que a muchos nunca más los veré.
Hoy, un mes después de ese momento, una sonrisa ilumina mi cara cuando escucho “Bolivia”, ha representado mi vida durante los dos meses de verano y me recorre un cosquilleo de alegría cuando lo recuerdo. Son tantas cosas las que os podía contar de la gente, las costumbres, las casas, la política... que podríamos tomarnos varios cafés sin que parara de hablar...” (Ana).
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Nos ha encantado estar los dos meses viviendo como viven ellos, comiendo lo que ellos comen, andando como ellos, sin luz, sin agua potable, sin lavadora, sin lavaplatos, sin water ni ducha, sin móvil, sin brasero (allí es invierno), viajando en camión, sin reloj... pero con mucho tiempo para disfrutar de ellos, de las “doñas” (ellas), de los niños, del silencio, la naturaleza...Cuando nos preguntan que hemos hecho, nunca sabemos como explicar que lo único que hacemos es estar, convivir con y como los campesinos de la Siberia boliviana, y lo que queda es un inmenso cariño a la gente, junto al pensamiento que alucinarían si supieran lo bien que vivimos, no se pueden imaginar cuanto, tenemos tanta suerte y es tan injusto...No cambiamos este verano por nada y sabemos que por mucho que te expliquemos no te puedes imaginar como es Bolivia ni lo que se siente, hasta que uno no lo ve con sus ojos y lo vive con sus sentimientos no se comprende igual.
Seguramente no nos conocéis, somos Lucía y Ana dos amigas algo alocadas de 21 años pertenecientes al grupo Proyecto Bolivia, voluntarios de S.E.D. Como nuestro nombre indica trabajamos por y para Bolivia. Para ambas ha sido nuestra primera experiencia “allá” y sabemos que no será la última, ya os contaremos...
Lucía y Ana
PUNTOS DE REFERENCIA PARA UN ESTILO DE VIDA
Angela Mª del Pozo y Mª José Silva, Huertas y Capillas (Bolivia)
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Campo-Misión 2004 - Capillas |
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Desde que conocimos la existencia del grupo cristiano, misionero y marista
llamado Proyecto Bolivia, sentimos la necesidad de profundizar en nuestra
vocación misionera y el conocimiento de la realidad de los Países del Sur.
El Campo Misión desarrollado en el mes de agosto de 2004, ha supuesto para
nosotras el conocimiento de la realidad de Bolivia y el definir claramente
nuestra "opción preferencial por los más pobres". Al intentar
describir nuestra experiencia, se nos vie-nen a la mente y al corazón
innumerables sentimientos y sensaciones que se traducen en gratos recuerdos,
que al principio y ante lo desconocido, no lo eran tanto. Hemos pasado, por la
incertidumbre, la expectación, la ilusión, e incluso el cuestionarnos: ¿porqué
hemos venido?, ¿para qué?...
Con sólo descubrir un gesto de afecto y alegría en la sonrisa de un niño que se
divierte con lo más mínimo, con sólo oír las palabras de agradecimiento de una
"doña" que nos pide que volvamos al año, con sólo ver la obra
realizada en Bolivia por los Hermanos Maristas, todas nuestras dudas se
despejan. La presencia y el hacerse prójimo es lo más importante.
La experiencia de este verano ha supuesto para nosotras un antes y un después y
ha contribuido a que optemos por un estilo personal de vida en el que tendremos
presente, la realidad de los campesinos de Bolivia.
Ángela y Mª José
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Apoyo escolar - Campo-Misión 2005 |
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Hace ya varios años me enseñaron una canción, que año tras año, canto en marcha:
"cada paso de mi marcha, te lo dedico a ti que no tienes. El compromiso que hoy te ofrezco espero que dure por siempre. Qué no sean simples palabras, lo que digo ante tanta gente. Qué mi vida sea un reflejo de tu mensaje, Señor..." (Himno de la marcha)
Desde la primera letra hasta la última sentía su significado. Recordaba aquellos niños que no tenían tanta suerte como yo. Pero en verdad estaba muy cómoda al día siguiente en mi sillón. Tan sólo un día de marcha, una mañana nomás y me sentía la mejor persona del mundo. Aunque es cierto que un día entre 365 no requiere mucho esfuerzo.
Pasó un año, otro y Dios poco a poco fue tocando y llenado más y más mi corazón, conforme crecía, todo aquello se hacía insuficiente. Por casualidad o pq yo lo busqué, se me cruzó el Proyecto Bolivia, con la idea de en un futuro ir a Bolivia. Ya sabemos que los caminos del Señor son inescrutables y sintiéndome pequeña y con miedo, me encontré con una maleta y un billete de avión.
El cambio de aires, olores, ambiente... me asombraron al llegar como a un niño le asombra todo lo que ve por primera vez. Y con esos ojos de niña me adentré en mi "aventura". Encontré muchos contrastes. Mi realidad es muy diferente. Poco a poco sentí que algo nuevo surgía y me dolía el corazón. Pero una sonrisa, una mirada, un apretón de manos... por todo eso valía la pena.
Las comunidades campesinas en las que he pasado estos dos meses, encierran gran encanto y el mayor de los tesoros: las personas. Es precioso sentir la confianza que depositan estas gentes en ti. Pues "la confianza es sentir el calor del hogar mientras cortas la leña". No conocen de nosotros más que nuestros nombres, pero abren su casa y su corazón, nos acogen y, en este tiempo, se convierten en nuestra familia.
Puede que la nostalgia te haga flaquear, aunque allá es tan fácil sentirse como en casa...
Paso a paso el Señor me ha llevado de la mano, nunca antes le vi tan cercano. Allá me siento más humana.
Observando a esos niños, uno comprende pq hay que hacerse como ellos para entrar en el Reino de los cielos. He caído muchas veces en pensar cómo cambiar su realidad, mejorarla a mi entender europeo. Pero es cierto que la inocencia de los niños, su pureza, su felicidad no sería la misma y la magia que encierran se perdería entre algodones y comodidades (como nos pasa a nosotros).
A día de hoy cuando canto el himno de la marcha, recuerdo muchos rostros que, sin tener a penas nada, son felices y me han hecho feliz a mí. Puede que esta experiencia no signifique un nuevo renacer o quizás si. Lo que se es que Dios va sembrando en mí.
Mi maleta pesa mucho más, me traigo un kilo de ternura, cientos de sonrisas, recuerdos a "porrillo" y amigos que cuidar. El corazón necesita amar y ser amado. Ahora sólo queda luchar por los que están en mi día a día, pues si todo terminase el 30 de agosto, nada de esto tendría sentido.
Un saludo, Isa
ENTREVISTA PUBLICADA EN LA WEB TODOSUNO
"Tener muchas cosas no nos deja ver lo fundamental. Creo que
el que se hace pobre es feliz"
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Lucía y Mª Ángeles desgranando maiz (julio 2004) |
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todosunotodosuno.org: Cuéntanos algo de tu vida y cómo entras a formar parte del proyecto Bolivia
Mª Ángeles:
Me confirmé, el grupo se deshace y mi catequista estaba en este
proyecto; ese verano me planteé entrar en este proyecto como una alternativa
para buscar junto con otras personas. No era tanto un espíritu misionero sino
un grupo para compartir mi fe y experiencia. En principio no buscaba ir de
misión a ningún sitio, y el primer año no me gustó nada, pero después mi vida
fue cambiando, sabía que allí estaban esperando que fuera gente y que merecía
la pena “perder” tu tiempo para compartir con gente olvidada, gente que quienes
no se saben ni que existen, que comparten contigo lo mejor que tienen, y esto
me impactó.
El tercer verano me planteé estar más tiempo, me sentía
responsable de lo que allí se estaba haciendo, lo sentía mío, me planteé irme más
tiempo, no tenía trabajo, me fiaba de Dios, porque ya se vería qué pasaría
cuando volviese.
Actualmente me planteo que merece la pena seguir yendo,...que aquí la rutina te come y a veces conviene pararse y estar en contacto con la pobreza para valorar más lo que tienes. También le coges cariño a la gente, y ellos se merecen que le echen cuenta.
todosuno.org: ¿Qué te ha impactado más cada verano?
Mª Ángeles: Me chocó mucho las condiciones infrahumanas en que viven, esto me hizo abrir mucho los ojos. También la acogida de la gente, y el cómo disfrutan con poco: jugando al parchís, en las comuniones,..., también son duras las condiciones físicas, y todo esto te hace valorarlo todo más, tu casa, la luz, el agua corriente, tu familia,.... No hay allí mucha expresión de la afectividad y eso te hace valorarlo más aquí, el que te den un abrazo, un beso,...será por la educación, el clima,...la gente vive aislada en su parcela, hay poco contacto entre ellos. También hace mucho frio la mayor parte del año, por lo que no hay a penas momentos de encuentro.
todosuno.org: ¿ Por qué crees que en nuestra sociedad no se valora lo pequeño ?
Mª Ángeles: Creo que las personas nos hemos vuelto muy egoístas, tenemos el corazón puesto en el dinero, en el tener más, y sin tiempo de disfrutar.
todosuno.org: ¿ Cuántos sois los que formáis este proyecto ?
Mª Ángeles: Unos treinta, pero no todos van a Bolivia, hay circunstancias que lo impiden de trabajo, familia,...
todosuno.org: Mientras es invierno ¿ qué hacéis aquí ?
Mª Ángeles: Nos reunimos una vez al mes para, además de conocernos, rezar y también formarnos tanto para el verano en Bolivia como para nuestra vida, con temas como “La evangelización ad gentes”, “La teología de la liberación”, “Mirar a través del cristal de los empobrecidos”,... Se prepara el campo-misión del verano, para llevar los materiales de actividades que se hacen allí, material escolar y material de catequesis.
En semana santa celebramos la Pascua en un pueblo de Granada parecido a la siberia boliviana, porque está muy aislado, no tiene cura permanente y su gente es muy humilde, dedicándose al campo. Nosotros dormimos en colchones que nos dejan .
En Bolivia nos repartimos por comunidades y dormimos en la escuela o en alguna habitación que esté vacía. Cada día te acoge una familia distinta que te da tres comidas, puedes hablar con ellos,... Durante el invierno también preparamos una exposición itinerante para mostrar la realidad de Bolivia, cada año en un colegio.
todosuno.org: ¿ Qué ha significado para ti esta experiencia ?
Mª
Ángeles: Te cambia la vida, lo valoro todo más, como la
compañía de tus amigos.
La experiencia de Dios que tienes allí, te vas y vuelves con
el doble.
todosuno.org: ¿ Qué nos impide a las personas acercarnos a realidades de sufrimiento ?
Mª Ángeles: El miedo a perder nuestras seguridades, porque en el fondo no nos fiamos de Dios; si yo confiara sabría que no me va a faltar de nada,...Mt 25...
Nos falta una fe fuerte. Dios siempre ha estado del lado de los pobres, y los pobres son ellos, entonces tenemos que ser más pobres de lo que somos, más generosos,...tenemos que ser como esa gente y no darle tanta importancia a las cosa materiales y aprender a disfrutar de la vida. Tener muchas cosas no me deja ser libre, me crea obligaciones. Tener muchas cosas no nos deja ver lo fundamental. Creo que el que se hace pobre es feliz.
Mª Ángeles Gentil
CAMPO MISIÓN 2005. UNA EXPERIENCIA.
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Campo-Misión 2005 |
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Me toca hablaros de mi experiencia en Bolivia durante los dos meses de este verano. Muchas veces, cuando tenemos que describir a algo o a alguien, nos empeñamos en buscar sólo una característica para definirlo. A mí me ha ocurrido al intentar juntar mis pobres palabras para hablaros de Bolivia. Sin embargo, no me ha sido posible. La Bolivia que he podido conocer este verano y su gente, con quienes he disfrutado de ratos inmensurables, reúne varios y válidos perfiles que debe purificar el pincel si se quiere esbozar un retrato de cuerpo completo (de cuerpo y alma).
Bolivia te cambia la forma de ver las cosas. Es cierto aquello que dicen de que “es otro mundo”. La vida, la verdadera vida, está allí: en lo sencillo, en la gente humilde... en el campesino que te abre la puerta; en la mirada curiosa de los niños ante nosotros, los extranjeros; en la mano que te aprietan fuerte y que transmite tantos sentimientos...
Sentir otra cultura, ver cosas que jamás imaginaste que podrían suceder... Por mucho que oímos hablar de este país, hasta que no estás allí no puedes comprender cómo te “afecta” a ti personalmente esa experiencia, esas circunstancias, esa gente. Es como aquél “venid y veréis” que nos dejaba San Juan [cf. Jn 1,38-39].
Mi prueba de este verano ha sido definitiva para enamorarme de esta América Latina, de este pueblo olvidado.
La experiencia ha estado llena de momentos inolvidables: de instantes en los que notas que necesitas un poco más de sangre fría para salir adelante; pero también de ratos de compartir vida con los campesinos y de intentar integrarnos en su día a día.
También los demás miembros del Proyecto Bolivia (tanto los de allá como los de España) me han aportado mucha ilusión a través de sus palabras, mucho apoyo cuando lo he necesitado. Es una suerte contar con “tu gente” en experiencias así.
Es algo único percatarse de ese “sentir misionero”, de ese envío de Dios a proclamar la Buena Noticia.
Ahora queda lo más difícil, que no es despedirse de allá, ni pensar en si mereció la pena o no; sino intentar adaptar todo lo aprendido a mi vida diaria, a mi opción de vida en España. Es duro ir siempre a contracorriente, pero consuela saber que no estás sola en la aventura de intentar cambiar el mundo por otro mejor en el que se vean las cosas de un modo distinto. Esa es mi esperanza ahora y por la que lucho.
May Alés
IMPRESIONES SOBRE MI EXPERIENCIA DE CAMPO DE TRABAJO EN LAS
COMUNIDADES CAMPESINAS DE LA SIBERIA BOLIVIANA
Septiembre de 2003
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Bautismo en la Comundad de Huertas - Agosto 2004 |
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Nueve veces ya el Señor me ha proporcionado el poder viajar a Bolivia y trabajar allí durante los meses de julio y agosto en las comunidades campesinas de Comarapa.
Se me pide que manifieste mi pensamiento sobre esta aventura. Lo haré en dos sentidos: en cuanto a mi persona, como cristiano y como sacerdote, y en cuanto al impacto que nuestra presencia ha
causado en aquella gente.
En el primer sentido diré que estoy convencido de que esta oportunidad repetida ha sido un regalo espléndido que Dios me ha querido hacer. No lo busqué; fue algo que vino a mis manos. Yo no voy
en plan de vacaciones, voy dispuesto a trabajar en lo que se me pida. Pero, hasta el momento he de reconocer que resultó un trabajo a gusto, ni excesivamente duro, ni peligroso. Me he sentido plenamente feliz. No sé el bien que he podido hacer allí…; pero sí puedo afirmar que a mí personalmente me ha enriquecido de sobra en el orden espiritual, en el orden pastoral y hasta en el corporal. Que la austeridad de vida, la sencillez, el "sin agobios y sin ruidos" (dos meses sin teléfono, sin tele, sin ordenadores, sin coche), son las mejores medicinas. Allí encuentro ambiente propicio para leer libros "duros", cosa que me es imposible en el ajetreo de la parroquia. Y tiempo para rezar y ocasión para desprenderme. Creo que me ha acercado mucho más a los humildes, he aprendido a aceptar su pobreza y sus limitaciones, a comprenderlos, a escucharlos, a valorarlos. Cuando regreso me siento renovado, con más ganas de trabajar en mi parroquia. Yo digo que cada mes que paso en Bolivia es como si me quitaran un año de edad. Bolivia, en efecto, me rejuvenece. Y este cambio que se da en mí, también ocurre en los otros componentes del grupo.
En cuanto a los campesino, diré que Bolivia es una nación rica, con muchísimas posibilidades. Sin embargo, por la incidencia, sobre todo, de una mala política de mucho tiempo atrás, se ha convertido en una de las naciones más pobres de América. Allí se da ese contraste tan injusto de muchos países: Unos pocos ricos, muy ricos, cada vez más ricos, y una mayoría pobre, cada vez más pobre y a
la que no se ve la salida.
La zona en la que trabajamos es una zona que nadie quiere: pequeños "campitos", entre hondas quebradas, en pendiente, de difícil acceso, laborados con medios muy anticuados. No dan mucho, y lo poco que se saca, tras un trabajo inhumano. Todos han de meter el cuello: las mujeres con sus "guaguas" a cuestas, los niños no más dan los primeros pasos. Sus casitas, de adobes y techos de caña y barro, insalubres. Una alimentación pobrísima (no hay hambre porque la barriga se llena de papas). La higiene nula. Casi todos tienen algunos animales: unas ovejas, algún "chancho" (cerdo), alguna gallina. Los más favorecidos, su vaquita (no precisamente lechera), y algún caballito.
Subsisten. Si algún año la cosa le viene mal, a emigrar que se ha dicho. Para colmo de males nos encontramos las "borracheras". Para mí ésta es una de las causas de la pobreza. Por culpa de ellas
se agotan los ahorros, se pierden días de trabajo, se acaba en peleas… Las mujeres también beben más de la cuenta, y muchas chicas (14 y 15 años) regresan de las fiestas embarazadas. Para mayor inri, casi todas estas fiestas tienen ¡un matiz religioso! Aquí está la gran baza para las sectas: los católicos, dicen, "toman" y pegan a las mujeres. Los evangélicos no prueban el alcohol y no pegan a las esposas ni a los hijos.
¿Cuál es nuestra labor allí? Primero que nada convivir: hablar con la gente, visitarla en sus casas, compartir la comida sencilla que nos ofrecen. Nuestra convivencia, a pesar de las "distancias chocantes"
(ante su escasez nosotros parecemos ricos), es beneficiosa: se han creado amistades muy profundas, les hemos ayudado a alcanzar ciertos sueños (tener agua limpia para beber, placas solares para luz, un tractor, un camino mejor, arreglar unas escuelas), han adquirido un mayor interés por la cultura (las escuelitas han progresado bastante, e indiscutiblemente parte de este progreso se debe a nuestra influencia). Algo les hemos sacado de su "resignación". Las comunidades beneficiadas con algún proyecto, al que hemos ayudado desde España, han mejorado visiblemente. En cuanto a lo religioso, les hemos asistido en sus necesidades más perentorias, les hemos inquietado, les hemos vuelto críticos ante la labor de las sectas. Otra empresa de indudable trascendencia es el internado, que abre cauces nuevos a chicos y chicas que valen para el estudio.
Pero al mismo tiempo sentimos que esto es poco. Habría que contar con un grupo mayor de voluntarios, con algún sacerdote más joven, con gente que pudiera permanecer allí durante todo el año.
No sé si el Proyecto Bolivia (CTM SED) merece un sobresaliente; pero, sin discusión, más que un simple aprobado.
Y Bolivia, ¿progresa? Pensamos que sí, aunque con una lentitud enorme. Además se trata de un progreso que beneficia poco a los campesinos pobres. No ven futuro. Los jóvenes se marchan del
campo. Muchos sueñan con venirse a España. Allí también ha llegado esta fiebre, que puede ser muy peligrosa.
Baldomero Delgado - Sacerdote, 74 años
(hasta 2006 ha participado 12 veces en Campos de Trabajo con el Grupo “Proyecto Bolivia”)
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Cada vez que alguien me pregunta, ¿Cómo ha ido la experiencia en el campo-misión de este año?, siempre respondo lo mismo. “Demasiado bien”. Cuando entré en el grupo, la gente me comentaba que la experiencia es preciosa, que te llena muchísimo, que te plantea muchos puntos de vista nuevos para ti, pero que es un poco dura. Tal vez, la razón de que para mi no haya sido tan dura es porque iba sobre aviso. O tal vez, sea porque las largas caminatas, la comida, las pulgas, las dificultades en general se sobre llevan muy bien con el amor que recibes de la gente de allá. Si con algo me quedo de la experiencia es con eso. El cariño de la gente, el trato hacia nosotros, tan cercano, como si fueses uno más de la comunidad. Me quedo también con el trabajo que realizamos allí. Sobre todo el de “estar”. La forma de “estar” que han tenido los hermanos conmigo desde pequeñito y que tienen con la gente de allá. La cercanía, el cariño, la dedicación, la compresión…
Una vez ya “medio acoplado” a la vida occidental, y con los sentimientos medio controlados, creo que puedo calificar mi experiencia de “necesaria”. Viendo mi forma de ser y de comportarme antes, y viéndola ahora, se puede apreciar un cambio en mi, o como mis amigos dicen, “estás diferente”. Desde estas líneas, me gustaría invitar a todo el mundo a “estar diferente”, a que sea “necesaria” esa experiencia, a que tengan experiencias que les cambien, marquen y les hagan plantearse nuevos puntos de vista, que den vida, que si disponen de la oportunidad de marchar para allá, no se echen para atrás por las incomodidades. Aunque parezca un tópico, pero lo que recibes sobrepasa con creces lo que das y lo que soportas.
Me despido ya, dándole las gracias al grupo “Proyecto Bolivia”, a SED y a los Hermanos por haberme dado la oportunidad de participar en esta experiencia “necesaria”. Chau chau
Rafael López López
Publicado en la Memoria 2006 de SED
SON ELLOS LOS QUE NOS AYUDAN A NOSOTROS A CRECER
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Aunque es la cuarta vez que voy a Bolivia, las sorpresas surgen como la primera vez. Cada vez es diferente: distinta comunidad, distintos paisajes, nombres y caras nuevas… Pero siempre la misma sensación: la de gratitud hacia esa gente que te regala su ilusión, cariño, acogida y hacia nuestro Buen Padre, que me ha vuelto a regalar la oportunidad de regresar a Bolivia.
Este año he experimentado como Dios me cuida a través de los pobres, sus preferidos. Cuando el ánimo o las fuerzas decaían, siempre aparecía alguien: Marleny, Mirtha, Aurelio, Germán… y con un gesto o una sonrisa me volvían a recordar lo afortunada que soy, no por lo que pueda tener en España, sino por la gran oportunidad que he tenido de compartir con ellos parte de mi vida.
La gente de Ajos Pampa me han ayudado a crecer, a valorar lo pequeño, a disfrutar de todo, a relativizarlo todo, a valorarlo todo mucho más. Me dan fuerzas para trabajar con más ganas e ilusión por la gente del Sur y me siguen recordando que Dios los prefiere a ellos.
Ahora a la vuelta, no los recuerdo con nostalgia, sino con alegría y gratitud. Alegría por haberlos conocido, por la oportunidad que me han dado de compartir y vivir con ellos. Y gratitud por lo mucho que me han enseñado.
Aunque parezca que somos nosotros los que les ayudamos, los que colaboramos para que salgan adelante, son ellos los que nos ayudan a nosotros a crecer, a hacernos más humanos y cercanos, a cambiar nuestras vidas.
Mientras tenga la oportunidad seguiré “perdiendo” mis veranos con esa gente boliviana que me han enseñado tanto, con esos niños que me sorprenden tanto, en esa tierra que me ha cambiado mi vida.
Mª Ángeles Gentil
Publicado en el Boletín SED nº 35, primavera de 2007
VOLUNTARIA DE COOPERACIÓN DE SED EN BOLIVIA - AÑO 2006
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Para mi ha sido una gran suerte haber conocido a los Hermanos Maristas, a los cuales les doy las gracias por su entrega, dedicación, acogida, trabajo y, lo más destacado, el amor por los niños. A lo largo de mi época escolar, se me presentaron varias oportunidades para poder asistir a las jornadas llevadas a cabo por SED. Debido a mi participación en ellas y a mi integración en el Proyecto Bolivia, fui conociendo la magnífica labor que desempeña, lo que me animó a marcharme a Bolivia colaborando durante dos veranos en las comunidades campesinas de Comarapa.
Estas experiencias me permitieron descubrir cómo es la vida de la gente sencilla y pobre de Bolivia: viviendo como viven ellos, comiendo lo que ellos comen, andando como ellos, sin luz, sin agua potable, sin lavadora, sin lavaplatos, sin ducha, sin móvil, viajando en el remolque de un camión, sin reloj... pero con mucho tiempo para disfrutar con ellos, con las "doñas" (ellas), con los niños... Cuando me preguntan qué hice, nunca sé cómo explicar que lo única que hacemos es estar, convivir con y como los campesinos de la Siberia boliviana, y lo que queda es un inmenso cariño a la gente, junto al pensamiento que alucinarían si supieran lo bien que vivimos, no se pueden imaginar cuánto. Pero con el paso del tiempo (y con algo más de madurez) estás experiencias se me quedaban cortas. Sentía que Dios me pedía una opción clara en mi vida.
Al terminar la Diplomatura de Trabajo Social, decidí ampliar mi estancia en Bolivia por un año, participando como voluntaria de Cooperación en un proyecto de desarrollo, centrado en la intervención con menores de la misma zona. Comarapa recibe mucha población estudiantil de las comunidades campesinas del entorno. Muchos niños y niñas de 6 a 14 años viven solos en cuartitos, en unas condiciones miserables, ya que están sin sus padres desde edades muy tempranas. Con tan solo 9 años los veo cocinando para sus hermanos menores y llevando una casa. Son cuerpos de niño con mentalidad de adulto. El proyecto, muy ajustado a mi perfil de trabajadora social, se centró en el estudio de esta población infantil para elaborar un plan de acción conjunto entre la municipalidad y los centros educativos de la zona. El proyecto me ha permitido realizarme humana y profesionalmente. Pero lo que más destaco es el contacto con algunos de estos chicos y chicas, que han marcado profundamente mi estilo de vida y mi forma de pensar.
Hoy por hoy, creo que esta experiencia ha sido una de las más importantes de mi vida, y me alegro de haberla realizado con la ONG marista SED. Siento que es una institución muy transparente lo cuál da una confianza enorme para poder colaborar en todos sus proyectos.
Puedes ver también: http://www.artesacro.org/Noticia.asp?idreg=16136
Lucía Muñoz
TESTIMONIO DE LA COMUNIDAD MARISTA DE COMARAPA
UN COMPROMISO CON EL DESARROLLO AGROPECUARIO Y LA EDUCACIÓN
Los Hermanos Maristas llevan más de 50 años trabajando en Bolivia. Una de las comunidades de hermanos se encuentra situada en una pequeña ciudad del Departamento de Santa Cruz de la Sierra, llamada Comarapa. Atravesada por la antigua carretera que une Santa Cruz con Cochabamba, los hermanos, junto a laicos maristas colaboradores, desarrollan una gran labor con la buena gente que habita en aquellas tierras.
Con su formación se pretende que estos chicos y chicas se conviertan en agentes de cambio en sus comunidades.
Comarapa está rodeada por comunidades campesinas donde la gente vive en casitas de adobe, cultivan papas, alverja y maíz y crían chanchos, gallinas y ovejas. Las casitas suelen estar muy alejadas unas de otras, de manera que la escuelita es el centro de reunión del campesinado. En algunas comunidades el colegio tiene como mucho hasta 6º de primaria.
Ante esta realidad educativa y el importante índice de población joven de Comarapa, el colegio marista Gabriel René Moreno, que pertenece a la institución Fe y Alegría, se ha convertido en un referente muy importante en la educación de la ciudad.
Centro Agropuecuario
Desde los inicios de la obra, se ha querido dar a este centro
una orientación agropecuaria. Por ello, se compró un terreno adyacente en el que
se ha implementado un vivero, una granja de conejos y otros animales para
desempeñar actividades propias de la ganadería y la agricultura.
Poco a poco esta propuesta formativa se ha ido consolidando hasta lograr la creación de la Escuela Técnica Superior de Agropecuaria, que tiene el aval de la Universidad Católica Boliviana. La existencia de este centro permite que muchos y muchas jóvenes de la zona continúen sus estudios superiores. Además, desde el año 1999, por las noches, se imparten clases para adultos en el CEMA, Centro de Educación Media de Adultos, que funciona en el Colegio bajo la administración de los Hermanos.
Ausencia Familiar
Otra realidad que afecta a jóvenes y a los niños y niñas de
la zona es la ausencia de la familia. Viven solos o con sus hermanos o hermanas,
pero sin la presencia y referencia de una adulta o adulto. Los Hermanos Maristas
dedican parte de su trabajo a intentar paliar esta situación. Una de las
propuestas que ha tenido mucho éxito ha sido la creación de un comedor escolar,
que proporciona una alimentación adecuada a muchos chicos y chicas de la zona.
También se ha creado el Centro Juvenil Sumaj Mama –buena madre en quechua– con
propuestas alternativas de ocio y tiempo libre.
El centro tiene un aula de estudio, un salón de juegos y un
salón de reuniones en el que normalmente se imparten distintos talleres y
cursos.
También iniciativa de los Hermanos, con la colaboración del equipo voluntariado del Proyecto Bolivia, fue la construcción y mantenimiento del Centro Educativo Campesino de Comarapa. Esta entidad brinda la oportunidad a chicos y chicas de las comunidades campesinas sin recursos, a que puedan continuar sus estudios fuera de su lugar de origen.
Un matrimonio boliviano, Edily y Mario, junto con sus cuatro hijos, viven como en una gran familia con 30 niños y niñas de dichas comunidades campesinas de la Siberia boliviana. Comen juntos, hacen las tareas de la casa, dialogan, juegan, se forman, comparten lo que son y tienen, se divierten y, por supuesto colaboran en otras tareas como el comedor escolar y el vivero.
Agentes de cambio
Cada día acuden a clase y tratan, como el resto de sus
compañeros y compañeras del colegio Gabriel René Moreno, de formarse para llegar
a ser hombres y mujeres capaces de luchar y transformar la sociedad injusta en
la que viven, ya que las cosas pueden ser diferentes.
Con su formación se pretende que estos chicos y chicas se conviertan en agentes de cambio en sus comunidades de origen. Personas que con una mejor formación vayan poco a poco transformando las formas de vida de los campesinos de la Siberia boliviana. En esta línea, se enmarcan una de las líneas de colaboración de SED. Cada verano, la organización envía a un grupo de voluntarios y voluntarias a esa comunidad para trabajar en los distintos proyectos de desarrollo que apoya nuestra organización.
En estos momentos, la comunidad de Hermanos de Comarapa está formada por los hermanos Saturnino, Lucidio, Levi y Avelino, pero son muchos los hermanos que han vivido en esta zona, implicándose y haciéndose presentes en la vida de sus gentes. Son muchos los que ha trabajado para dar una respuesta adecuada y eficaz desde el punto de vista del desarrollo, atendiendo, principalmente, el sector educativo.
Publicado en el Bolentín nº 40 de SED
Lucía Muñoz, Katherina García y Mª Ángeles Gentil
BOLIVIA, LA FELICIDAD DESDE LA RAIZ
Es difícil expresar con palabras todos los sentimientos y experiencias vividas en este largo viaje. Es difícil explicar en unas letras lo que se siente al descubrir que no eres tú el héroe de esta historia que ahora te pone Dios en tu camino, sino que simplemente eres un pequeño grano de arena en medio de un montón de gente que tan solo tiene que hacer lo que pueda, que no es poco…
Puede que no hubiera hecho falta irme hasta una pequeña comunidad de la Siberia Boliviana para descubrir que hay cosas más importantes que una agenda personal repleta de anotaciones, pero así es como Dios lo ha puesto en mi camino y doy gracias por ello.
En una experiencia de voluntariado así descubres lo importante que es el cariño por los tuyos, la familia y todos los valores que desde pequeño has ido descubriendo, tanto en casa como en el colegio. Ves la realidad de niños y familias que son "radicalmente felices".
Este viaje me ha ayudado descubrir que no importa la felicidad que nos proporcionan aquellas cosas superficiales y materiales porque cuando faltan y vives como quien dice "con lo puesto" encuentras la felicidad en aquellos momentos y detalles reales que se ofrecen en tu día a día, ante los que te ofreces pequeño y sencillo.
Supongo que si tuviera que
quedarme con algo para poder compartir con todos vosotros, en lugar de divagar
sobre la humildad y la sencillez, sería explicar nuestra labor allí. Después de
dar muchas vueltas a las tareas de apoyo escolar, la alfabetización de adultos,
el apoyo a los proyectos, etc., finalmente me gusta más decir que lo que hacemos
sobre todo es "estar". Vivir y respirar el aire que ellos respiran, sentir con
ellos el amor por sus costumbres, por sus fiestas, compartir ratos de juegos con
los niños o conversar con las mujeres acerca del campo y de sus hijos.
Jesús Ramos
IMPRESIONES SOBRE MI EXPERIENCIA DE CAMPO DE TRABAJO EN LAS
http://www.diocesismalaga.es/index.php?mod=videos&secc=vertv&con=dsl&prg=aurora
Voluntario de SED Mediterránea y del Proyecto Bolivia - Pediatra - 66 años
Aprendí mis primeras letras en un colegio marista que existió en mi pueblo Villanueva del Río y Minas (Sevilla) y mis hijos se han educado en el Colegio Marista de la capital hispalense. El mayor de ellos pertenece al Proyecto Bolivia. En el año 2000 nos invitó a su madre, Manoli,
y a mí a formar parte de este grupo. No le costó mucho trabajo convencernos. Desde el 2001hemos ido en diversas épocas del año a Bolivia, hermoso país al que estamos
enganchados.
Pertenecer al Proyecto Bolivia y ser voluntario de SED ha sido una bocanada de aire joven y fresco que ha llenado y dado sentido a nuestras vidas. Para mí como pediatra es la posibilidad de seguir cuidando niños e interesado por ellos, y más ahora que me jubilaron y con sentido evangélico de “que todo los que hagáis con estos pequeñuelos, conmigo lo hacéis “.
He sido durante muchos años jefe de la Unidad de Nutrición del Hospital Infantil Virgen del Rocío. Se ha hecho una Unidad de Recuperación Nutricional en Comarapa para menores de tres años gravemente desnutridos, atendiendo a 200 niños y niñas, no sólo la función asistencial, la capacitación y prevención ha sido nuestra labor.
Es un dicho común por todos, que recibimos más de lo que damos y en nuestro caso esto se vuelve a repetir con creces.
Ver las caras alegres de tantos menores compensa cualquier esfuerzo. La convivencia en las comunidades de los hermanos ha llegado a una amistad entrañable y un verdadero hermanamiento.
Colaboramos con SED en la gestión de recursos para desarrollar los proyectos que se nos piden, se ha llegado a formalizar un hermanamiento entre pueblos, Comarapa y Cantillana.
Nos parece muy importante participar en las exposiciones de SED, dando charlas de sensibilización, organizando mesas redondas y como mi situación actual de jubilado
me lo permite, pues dedico mi tiempo a ello. Me gustaría hacer una llamada para que este colectivo cada vez más grande y con posibilidades físicas y profesionales se incorpore
al voluntariado, es una manera de rejuvenecerse y darle sentido a nuestras vidas. ¡Gracias por la acogida!
Manuel Pérez Pérez